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| Están vivos (1988) |
| Información Alienígena |
Fri, 24 Nov 2006 13:10:35 +0100 |
ESTÁN VIVOS
They live (1988)
Director: John Carpenter

Un hombre rudo, en vaqueros y camisa de cuadros, el típico norteamericano blanco, currante, de pueblo, que confía en el sistema, llega a la ciudad (en algún momento pasa por un parque, en el que un cura está haciendo un alegato contra "ellos", los que hacen que las cosas vayan mal). Busca trabajo en una oficina del paro, lo atiende una señora bastante antipática. Hay crisis económica. El tipo se ofrece como obrero en una construcción, donde conoce a un hombre rudo, el típico norteamericano negro, currante, que está harto de trabajar por una paga miserable. Este lo lleva a una especia de refugio de pobres, donde varias personas malviven en cajas de cartón, y se alimentan gracias a la comida que les dan unos voluntarios que supuestamente forman parte de un coro que ensaya en la iglesia de enfrente. Los pobres tienen una tele. Los anuncios y programas no tienen desperdicio: balnearios, desfiles de moda, la fama y el espectáculo banal tratados con ironía. De repente; interferencias, aparece un señor avisando de que "ellos" están manipulando las mentes de las personas, que hay que despertar. El prota sospecha que en la iglesia pasa algo y mete las narices. Los voluntarios parecen ser un grupo de rebeldes. Y tienen un pequeño laboratorio y un montón de cajas de cartón. Fabrican gafas de sol (de diseño horroroso, por otra parte). Entonces viene la pasma, en helicópteros y coches, y arrasa con la iglesia y el descampado de chozas. La peña sale huyendo, el tipo blanco y rudo empieza a darse cuenta de que el sistema no es tan guay como el creía. Vuelve a la iglesia y recupera una de las cajas de cartón, se hace con unas gafas de sol. Se las pone. Y ve esto:

Esta es mi parte favorita, el resto lo encuentro bastante malo, con diálogos tontos y escenas de acción demasiado largas y cutres. Pero da igual, merece la pena. La idea de que los alienígenas son toda esa gente conservadora, materialista, que vive en mansiones, que tiene servicio, pijos, nuevos ricos, que controlan la prensa, la política, las industrias, me parece genial. Con las gafas puestas descubrimos, en blanco y negro, que todos los carteles de la ciudad (vallas publicitarias, revistas, libros, pegatinas en los escaparates) todo, absolutamente todo lo que lleve un mensaje escrito, nos envía en realidad consignas como "obedece", "duerme", "compra", "no pienses" o "cásate y reprodúcete". Y que las personas más decentes y pastosas de la ciudad son una imagen falsa de alienígenas cadavéricos de ojos de bola de discoteca. Durante mucho tiempo, después de ver la película por primera vez, estuve deseando encontrar unas gafas de sol mágicas, convencida de que aquello podía estar pasando fuera de la pantalla.

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