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| De la cabeza del turco. |
| Rock... |
Wed, 29 Nov 2006 20:54:41 +0100 |
Hacía mucho tiempo que no compartía opinión con gente tan dispar como el Papa, Zapatero y Blair.
Pues sí, soy de la opinión que Turquía debería entrar en la UE. Y que se deberían dar pasos en ese sentido a la vez que se apoya abiertamente a los sectores más modernos y pro-europeos de Turquía.
Es cierto que hoy por hoy les queda aún bastante camino por recorrer, pero menos, por ejemplo, que el que le quedaba a España en 1977 y antes de diez años era miembro de pleno derecho.
La verdad es que las trabas proceden fundamentalmente de dos direcciones: una la de los fundamentalistas de ambos lados, cristianos y musulmanes, que no quieren que se admita en Europa un país no-cristiano, los primeros, y que no quieren que Turquía se secularice aún más, llenandose de minifaldas, discotecas y chicas que se casen con quien quieran, los segundos. La segunda oposición proviene de posiciones nacionalistas, de Francia y Alemania, sobretodo, que temen el peso que sobre las decisiones de la Unión tendría un país de 70 millones de habitantes. Eso convertiría a Turquía en el segundo país con más poder después de Alemania, por delante de Francia, Italia y Reino Unido.
Hace tiempo que vengo advirtiendo del auge del nacionalismo en la Unión Europea, que es capaz de deshacer gran parte de lo que ya se había hecho –y un ejemplo fue ese bodrio que nos quisieron hacer pasar por una Constitución Europea, en realidad un elaborado instrumento para salvaguardar los orgullos nacionales de Alemania y Francia– y de cometer el gran error de empujar a Turquía en los brazos del fundamentalismo islámico más antioccidental –porque Erdogan es un islamista más o menos equiparable a nuestros democristianos, pero los Nasrallah y Ahmadineyad de turno vienen empujando fuerte– echando por tierra la obra de Kemal Ataturk y el primer experimento de sociedad musulmana laica de la historia.
Últimamente se habla mucho de la parálisis del proyecto europeo y se echa las culpas a la ampliación.
Bullshit.
La verdadera culpa es de ese narcisismo de las pequeñas diferencias que nos impide pensarnos europeos de una puta vez y sigue insistiendo en erigir barreras y competiciones por un puesto en el consejo o por tener un campeón nacional en una rama concreta de la economía, o por ver a la selección nacional venciendo al eterno rival...
¡Criaturas!
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