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| Hoy recomendamos: Apocalypto. |
| ¡... & Roll! |
Mon, 22 Jan 2007 22:22:07 +0100 |

Mel Gibson los tiene cuadrados. Sí señor. Recuerdo que cuando leí por primera vez que iba a rodar una película sobre Jesús en Arameo y Latín, pensé: "A este se le ha ido la olla". Y ahí lo tienen. La Pasión de Cristo fue un fenómeno sin precedentes en la historia del cine al ser la primera película rodada no en una, sino en DOS lenguas muertas.
Ahora, Gibson se propone explotar este nuevo y lucrativo mercado para películas rodadas en lenguas que nadie entiende con Apocalypto, la primera película rodada íntegramente en Maya Yucateca.
Con dos cojones.
Debo confesar que disfruté con la película –una mezcla entre El último Mohicano y Acorralado– a pesar de que no ofrecía nada de lo que la publicidad previa anunciaba. Si alguno esperaba ver una puesta en escena de las teorías sobre el fin de la civilización precolombina más misteriosa, a la Rapa Nui, se llevará un chasco. Más allá de insinuar una pizca de epidemia por aquí, una pizca de insurrección o guerra civil por allá, Gibson no se adentra en los motivos de la desaparición de esta cultura. Además, hay algún que otro error histórico, como el situar la acción en el siglo XVI, con la llegada los españoles a México, cuando en realidad, la civilización Maya que describe Gibson había desaparecido en el siglo IX. También me pareció que la escena de los sacrificios humanos era más propia de los aztecas, pero parece ser que algunos estudiosos sostienen la existencia de ritos parecidos entre los mayas.
Lo que no he encontrado por ninguna parte es el supuesto racismo de Gibson al tratar a los Mayas ni la justificación de la colonización española en nombre de la religión católica. Gibson puede ser un católico ultratradicionalista y puede que un racista, pero parece que su racismo está reservado a los judíos. En Apocalypto tan Mayas son los malos como los buenos. Los españoles sólo aparecen al final y ni siquiera abren la boca. Es cierto que llegan con la cruz, pero es que esa es una escena históricamente exacta, igual que Neil Armstrong llegó a la Luna con una bandera americana. Si hiciéramos una peli sobre la llegada del hombre a la Luna no quitaríamos la bandera para no parecer que intentamos justificar la política exterior yanqui, ¿verdad? Pues eso.
En cambio, la película funciona perfectamente como entretenimiento. Es divertida, menos sangrienta de lo que se podría esperar, y aún esas partes sangrientas están hechas con buen gusto.
¿Qué es cruel? Sí. La historia humana está llena de crueldades. Dice mucho de nosotros que lo que siempre ha sido normal ahora nos escandalice. Será que hemos progresado, pese a todo.
Me temo, más bien, que las críticas a la visión de los mayas que muestra Gibson se deban más a los intereses políticos presentes de ciertos sectores populistas latinoamericanos, encuadrados en eso que se está llamando el Indigenismo, y que ven con desagrado que se cuestione el mito del buen salvaje o el de la tan denostada conquista española.
Ya saben, si son coherentes, lo único que pueden hacer: arrancarle el corazón a Mel Gibson y ofrecérselo a Kukulkan.
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