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Mon, 26 Feb 2007 19:57:46 +0100

Mientras el mundo se piensa si imponer nuevas sanciones a Irán para detener su programa nuclear, el régimen de los ayatollahs se permite incluso hacer pruebas de cohetes.
La cosa pinta mal. La semana pasada, la BBC filtró la existencia de planes estadounidenses para atacar Irán en lo que fue, a todas luces, parte de las presiones para que éste desista de sus intenciones nucleares.

Mientras que Corea del Norte ha accedido a abandonar su programa de armas nucleares tras serle prometidas todo tipo de ayudas en forma de alimentos, petróleo y dinero –y quizá algo tuviera que ver la misteriosa desaparición de la escena pública de Kim Jong Il, cuyos generales no parecen compartir sus delirios megalómanos–, en Irán apenas han surgido las primeras muestras de oposición interna a el curso suicida de la política que Ahmadineyad impuso desde su llegada al poder. Sólo los conservadores del régimen, viejos fundamentalistas de la primera hora que se enriquecieron con la revolución y no quieren perder su poder y bienestar en una guerra apocalíptica, tienen la capacidad de dar un golpe interno y deponer a Ahmadineyad antes de que sea demasiado tarde. Paradójicamente, en esta tarea podrían tener el apoyo de la juventud reformadora a la que quisieron cortar el paso en las últimas elecciones, lo que permitió la elección de un ultraconservador ajeno al establishment clerical como Ahmadineyad.

Para entender mejor porque este señor es tan peligroso, y porque poner nerviosa a tanta gente imaginarlo con un arma atómica en su poder, hay que conocer su vinculación con la secta de lo Seguidores del Mahdí o Duodécimo Imán.

Muhammad Al Mahdi, fue el duodécimo Imán, el líder espiritual de la comunidad chií, y desapareció siendo niño, en el 874 d.C. , tras el martirio de su padre, el undécimo Imán. La tradición dice que el Mahdí permanece oculto, protegido por Dios, a la espera del Día del Juicio, en el que regresará para impartir justicia y convertir el mundo al Islam, lo que traerá por fin, la paz.
Ni qué decir tiene que el que se oponga, morirá.
En los días anteriores a la llegada del Mahdí, habrá señales que lo anunciarán:
– La gente será castigada por sus actos de desobediencia por un fuego que aparecerá en el cielo y un enrojecimiento cubrirá el firmamento. Engullirá Baghdad y Kufa. Su sangre será derramada y sus casas destruidas. La muerte caerá sobre sus gentes y un miedo se abalanzará sobre la gente de Irak del que tendrán descanso.
– En Palestina y Jordania, los Sufyani, herederos de los enemigos de Mahoma, iniciarán una revuelta que extenderá su reino de terror desde Egipto a Irak.
– Una ruidosa llamada desde el cielo señalará la llegada del Mahdí, que traerá la paz e impartirá justicia, castigando a los malvados e infieles, imponiendo el dominio universal del Islam.

No hace falta ser un lince para ver como esta secuencia de profecías puede ser interpretada a la luz de los acontecimientos actuales, con la guerra en Irak, donde los sunníes están martirizando chiíes a patadas; o la tensión previa a la guerra civil en palestina. Para rematarlo, esa descripción de un fuego en el cielo, podría muy bien encajar en la de una detonación nuclear.

El problema parece ser que Mahmud Ahmadineyad es un fervoroso creyente en estas profecías, como demostraría la reciente difusión por la radio pública iraní de un serial sobre la inminente llegada del Mahdí. En alguna ocasión, como el discurso de septiembre ante Naciones Unidas, ha hecho referencia al Mahdí y a la próxima llegada de la edad de oro que se supone le seguirá. Y abundan los testimonios que le relacionan con un grupo, prohibido a principios de los ochenta, de seguidores radicales del Mahdí, la Sociedad Hojjatieh, implicada en actos brutales contra la secta Bahai’ durante el gobierno del Shah y que cree que el tiempo de la llegada del Mahdí puede ser precipitado adelantando los hechos señalados en las profecías.

Todo esto pueden ser especulaciones sin fundamento o puede ser cierto. La única manera de saberlo es esperar a los acontecimientos. Sólo que si un día vemos una bola de fuego en el horizonte y un enrojecimiento del cielo, a lo mejor es demasiado tarde.
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