Hace unas cuantas eternidades decidí crear al diablo sólo para que un día este hombre pudiera cruzarse con él. Quizás les sorprenda descubrir que un concepto tan fundamental de la cultura humana tiene su origen en una frivolidad divina. Pero no se enojen conmigo. Su existencia de ustedes no es menos digna por la génesis caprichosa de su despliegue. Ya sé cuántas incomodidades son achacables a la presencia de la idea maligna en éste mundo, y sé también que el señor Robert Johnson ha tardado milenios en nacer, pudiendo haber sido nieto de Caín, por ejemplo. Pero el blues jondo justifica los medios.