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Rueda de prensa
  Fantasías Futuristas  
Fri, 24 Nov 2006 12:58:38 +0100

RUEDA DE PRENSA

por Musidora


- He descubierto que este mundo está dominado por una sociedad secreta muy poderosa…- empezó a decir Alisa, tomando asiento.

- ¿Ah sí?, ¿cuál? - dijo Román mientras le ofrecía un pitillo aromático.

- Los muermones.

Román dejó escapar una simpática carcajada que se perdió entre el bullicio del centro comercial. Las mesitas de la cafetería donde se encontraban florecían repartidas sobre el piso de la tercera planta, alrededor de una inmensa cascada de agua artificial que caía desde el techo. Una voz lejana, metálica, no cesaba de murmurar que algunos precios estaban rebajados y que la escritora Norma Port iba a firmar sus portalibros a las doce y media.

Alisa pidió un combinado y Román su tercer café. Minutos después llegaba, como siempre ajetreada, Susana y sus montones de bolsos, bolsas y bolsitos, el cuerpo menudo perdido bajo una enorme gabardina azul oscuro. Ella pidió una infusión.

Los tres periodistas hacían tiempo (o, en boca de Alisa, lo perdían) hasta que la jefa de prensa anunciara que Norma Port ya estaba en la sala dispuesta a responder a todas las preguntas. Cuando por fin lo hizo, Susana dejó intacta su taza y continuó buscando desesperadamente entre sus cosas una libreta de papel y un bolígrafo que se empeñaba siempre en llevar consigo, a pesar de lo anacrónico que resultaba. Román había fulminado su cajetilla de cigarros sin nicotina, con ayuda de Alisa, que torcía la boca en una mueca de esa manera que sólo ella sabía hacer después de un par de vodkas con zumo natural de naranja.

En la sala de prensa, la redactora del Semanal Planetario, y el fotógrafo y la columnista del Lecturas Convincentes se unieron al pequeño grupo de periodistas que, armados con sus cámaras y portátiles, se impacientaban por la tardanza de la Port.

- ¡Tengo otra rueda de prensa dentro de media hora… - exclamó el impecable Josh, prestigioso reportero del Canal Cultural de la televisión pública.

- ("en la otra punta de la ciudad") - susurró Alisa al oído de su eterno colaborador, Román.

- …en la otra punta de la ciudad! - acabó Josh.

Alisa resopló con teatralidad.

Norma Port, sobria y austera como una monja en misión de recogida de socios, ocupó su lugar frente a los micrófonos. Fue presentada como la escritora de ficción más vendida de los últimos tiempos. Y se abrió el turno de preguntas.

- Josh McLaughan, señora Port, del Canal Cultural - se apresuró el estirado, ajustando su corbata. - Es un honor estar aquí. ¿cómo recibió la noticia de su nominación al Premio Vonnegut de literatura?
- Pues ha sido toda una sorpresa, Señor Mclaughan, como usted bien comprenderá. Es la primera vez que una escritora extranjera es nominada a este histórico galardón anglosajón y me siento muy orgullosa por ello, como es natural.
- Susana Molina, del Semanal Planetario, señora Port. ¿Por qué un libro de ciencia -ficción?, fue muy valiente al arriesgarse, este género estaba pasado de moda hasta que usted lo rescató y, fíjese, ¡menudo bombazo!
- Es un placer responderle, Señorita Molina, sigo sus artículos con gran interés. A la hora de preparar y escribir una novela, no me planteo si la manera en que voy a hacerlo está de moda o no, y si, una vez terminado mi trabajo, va a ser un éxito. He sido siempre una gran lectora de clásicos de todos los géneros, y esta vez me apetecía hacer una incursión en este. Lo he pasado en grande y ahora me siento muy feliz de que mis lectores compartan conmigo esa felicidad.

Susana apuntaba a gran velocidad en su cuaderno amarillento ante la evidente sorpresa de la entrevistada. Una voz suave y ronca interrumpió la escena:

- Alisa Gallo, señora Port, de Lecturas Convincentes.
- Caramba, Señorita Gallo, debo sentirme halagada por su presencia aquí. Dígame, usted, pero no me muerda, tiene fama de hacerlo.

Todo el mundo rió un poco, menos Alisa ( y Susana, que estaba demasiado concentrada en apuntarlo todo)

- No podría, señora Port, alguien ha colocado una ristra de ajos en la puerta.

Esta vez Susana sacó tiempo para sonreír.

- ¿Conoce usted a Fernando Fresas, Águeda Salas, o a Hilario Polo?
- Me temo que no. - dijo Norma Port, después de pensar un poco.
- ¿A Fran Luck, Sara Bueno, Alfredo Newman?
- No, seguro que no.
- Pues debería, Señora Port. Búsquelos en la red. Ellos realizan allí una labor de años, recuperando textos de ciencia ficción, escritos por internautas que nunca llegaron a publicar fuera de Internet. Los señores y señoras que acabo de nombrar son además ellos mismos escritores. Con eso quiero decirle, de entrada, que ese trabajo de rescate al que aludía mi querida compañera no es labor sólo suya…
- Por supuesto, Señorita Gallo, no he sido yo la que me ha colgado ese cartel…
- Ya, ya, solamente deja que otros lo hagan, que es casi lo mismo, ¿no cree?, pero permítame continuar.

La incomodidad crecía entre el público expectante. Román hizo un gesto apaciguador a Susana, que constreñía los músculos de la cara con disgusto. Alisa Gallo prosiguió:

- Las personas a las que he nombrado, Fresas, Bueno y compañía, que usted asegura que no conoce, son, decía, escritores además de recopiladores. Y recientemente he recibido un interesante mensaje que denuncia que el argumento de su famosa novela es un refrito de distintos cuentos, relatos y novelas cortas que estos autores han publicado en su web. ¿Qué tiene que decir al respecto?

La sala estalló en una algarabía de comentarios, mientras la novelista y su agente se intercambiaban miradas y palabras en voz baja. Norma Port golpeó el micrófono con la yema de los dedos. Alisa Gallo esperaba, de pie, impasible, la respuesta.

- Señorita Gallo, es una de las periodistas más conocidas y respetadas de la profesión y esperaba de usted algo más que calumnias sin fundamento. Desconozco esa web, esas personas y puedo asegurarle que mi argumento es tan original como la etiqueta de un buen vino.
- ¿Insinúa entonces que los archivos datados y los millones de lectores que han pasado por ellos desde su publicación digital contradirán estas acusaciones?
- Digo, señorita Gallo, no insinúo, que la ciencia-ficción ha sido un género muy cultivado en su momento y lo suficientemente amplio como para abarcar tal cantidad de temas que se hace imposible pensar que no hayan ciertas pequeñas coincidencias argumentales que perfectamente pueden usarse para sacar publicidad a costa de una escritora tan conocida como yo.
- Buena respuesta, sin duda, pero permítame, señora Port…
- Basta ya, Alisa, no insistas…- soltó Josh.
- Cállate, escarabajo pelotero - le dijo Román. Y el engominado periodista le hizo caso. Susana no se dejaba ni una coma. Y los demás, seguían con avidez el debate, pensando que, si bien Alisa Gallo estaba meando fuera de tiesto con toda probabilidad, aquel era un suculento cotilleo para las siempre hambrientas fauces de la actualidad.
- Permítame, Señora Port, que a pesar de la contrariedad que estoy causando en la siempre planchada frente de mi compañero - dijo con sorna sin mirar a Josh - insista en que estas personas han presentado a la redacción de la revista para la que trabajo desde hace doce años, una serie de documentos que confirman su acusación. Empezando por el título de su novela "Inventores del futuro", sospechosamente parecido a "Creadores del mañana", cuento breve en el que Águeda Salas propone una utopía en la que la vida de los seres humanos ha quedado totalmente expuesta en televisión, ¿le suena?
- Mera coincidencia, yo…
- Y sigo: usted desarrolla el tema y describe una sociedad marginada que intenta luchar contra el sistema, y que escapa de las cámaras en una escena de acción prácticamente calcada del capítulo tercero de la novela por entregas que Fernando Fresas lleva escribiendo desde hace dos años y que los seguidores de la página devoran con gran placer. ¿Continúa pensando que cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia?
- ¿No lo cree usted también así? ¿en serio piensa que la ganadora de tres premios Tierra, nominada a los Vonnegut, con cuatro best-sellers a sus espaldas necesita copiar a un grupo de aficionados?, ¿qué cree que he hecho, aprenderme de memoria esa página web y luego transcribirla?
- No, por supuesto, la creo demasiado orgullosa para hacerlo usted misma. Pero prosigo: no me ha hecho falta bucear demasiado para encontrar que hasta los inventos casuales con los que ha salpicado su novela, los artilugios con los que la ha adornado para hacer verosímil ese posible mañana, están extraídos en su mayoría de los relatos "Plata", "El viejo cosmos" y "Estación espacial atiborrada" de Bueno, Newman y Luck respectivamente, de la citada novela por entregas del Señor Fresas y de "Pantalla blanca" de Hilario Polo. El parecido es tan escandaloso que esta periodista, a título personal, va apoyar a este colectivo de escritores en su batalla legal contra usted.

Sorpresa y griterío general.

- ¿Tendría yo también que apoyarlos? - preguntó de lejos Susana, mientras los demás graznaban frases entrecortadas
- No hace falta - respondió Román, desde la otra punta - Tú sigue anotando.

Entre el escándalo era imposible distinguir los variados comentarios, aunque resultaba fácil escuchar los gritos eufóricos de Josh a favor de la reputación de Norma Port. La ahora sudorosa y agitada escritora, estaba visiblemente nerviosa y asustada y tecleaba con furia los botones de su celular mientras su agente se agarraba a los bordes de la mesa como si fueran una tabla salvavidas. Alisa Gallo permanecía quieta, vigilando cualquier gesto de la Port, y sin tambalearse ni un centímetro encima de sus tacones de aguja negros.

La escritora y su agente pidieron silencio. Las cámaras volvieron a disparar y los portátiles siseaban mientras la novelista abandonaba la sala consternada y su agente de prensa decía en tono formal:

- Recibirán ustedes un comunicado oficial de la Señora Norma Port, en breve. Hasta ese momento no habrá más declaraciones. Muchas gracias.

Los periodistas abandonaron la sala muy animados, y revolotearon alrededor de Alisa Gallo, escoltada por su inseparable fotógrafo, hasta la cafetería de la tercera planta.

- ¿Por qué lo has hecho? - decía Josh, con voz aguda.
- Apaga la cámara, Peterson - mandaba Román
- No entiendo nada, Lis - pedía, angustiada, la buena de Susana

Alisa se sentó y le pidió al domot un combinado.

-¿Qué queréis, chicos? Invito yo.

Los periodistas tomaron asientos y pidieron cervezas, cafés y aguas. Susana pidió una tila y guardó su bloc de notas en el primer bolso que encontró. Josh se abanicaba con una servilleta y Román apagaba él mismo la cámara de Peterson.

- ¡Dioses, Gallo, dime por qué demonios has escenificado esta pantomima!, ¿de veras era necesario?
- Lo es, Josh. Chicos, ahora tomaremos algo tranquilamente y charlaremos de deporte, de cine, o de algún otro espectáculo de consumo aburrido, mientras esperamos a que suenen nuestros teléfonos. No cerréis los portátiles, el comunicado de la Port llegará pronto. Y Josh, por favor, deja de sudar, vas a aguar tu café.

Nadie pudo decir palabra en diez minutos. Todo el mundo estaba intrigado. Román sonreía divertido. Susana buscaba algo en el interior de una de sus bolsas estampadas. Peterson se aburría mirando al techo. Josh se agitaba convulsivamente en su silla. Del Río, Bartolomé y Smith jugaban con sus respectivas bebidas. Menéndez y Gracia no apartaban la vista de la pantalla holográfica de sus portátiles. Alisa Gallo pedía otro combinado.

- ¡Ya está aquí! - espetó la del diario "Prisma"

En un segundo todo el mundo se movió rápidamente y leyó con interés. Mientras, el teléfono de Román sonó, él accionó el pequeño altavoz y todos pudieron oír al Jefe de Redacción de "Lecturas Convincentes":

- ¿Qué habéis hecho, chicos? Me ha llamado la agente de la Port, estaba histérica. Ponme con Lis inmediatamente.
- Estoy aquí, Gabriel.
- ¿Estás borracha?
- Aun no.
- Pues tenías que estarlo para decirle todo eso a Norma Port. ¿O quizás estás loca?, ¿de dónde has sacado esa sarta de extravagancias? Bueno, ya hablaremos de eso. En todo caso, parece que has dado en la llaga, preciosa. La Port ha enviado un comunicado echándole las culpas a su editor. ¡Cría cuervos! Venid aquí ipso facto.
- No pienso, Gabriel. Voy a quedarme aquí un rato, la brisa artificial de la cascada artificial es artificialmente agradable. Y no me esperes despierto, querido. Puedes irte a casa con tu mujercita.
- Te has vuelto loca, lo sabía…- se oyó decir, cada vez más alejado del auricular, al director antes de que colgara.

Las caras de sorpresa se sucedían una vez iban acabando de leer el comunicado de la Port, en el que reconocía haberse dejado llevar por las propuestas de su editor a quien acusaba de haber sacado las ideas de una web sin su conocimiento.

- Pobre diablo - dijo Alisa - si el hombre no es capaz ni de leer un rótulo.
- Pero tiene un gran olfato para los negocios - añadió Román
- Sí, hasta que se dio de narices con la Port
- Es cierto - dijo Josh muy despacito - Yo conozco a Randal personalmente…es…un gran amigo mío…es, lo ha dado todo por sus escritores, sería incapaz de…
- Bueno, bueno, tampoco es un santo - cortó Román - Sin embargo, incapaz de hacer algo así, Josh, efectivamente.
- ¿Pero es cierto eso de la web, Lis?
- Por supuesto Susi, tú misma puedes ir a visitarla, todos vosotros, en, ¿cómo era Rom?
- Archivofuturo punto o erre ge.
- Ajá, no os perdáis ni una coma. Ahí hay talento, chicos. Y fechas. La Port nos ha estafado. Pero lo peor, la conclusión a la que llego yo, no es que una escritora conocida beba de las ideas de otros, lo peor, pienso, es que esos otros no han tenido la oportunidad de ser publicados. Ni un solo portalibros ha llevado nunca su nombre en la portada, ha estado en las estanterías, ni ha salido por la tele o en las revistas literarias. Son completos desconocidos y seguramente tendrán algún empleo mal pagado y cutre, como el nuestro, que les permitirá ir tirando para poder escribir esas historias. ¿Vais a seguir contribuyendo a este banquete de buitres? Yo no, queridos compañeros. Tenéis vía libre, a partir de ahora no competiré por el artículo más ingenioso. Me retiro.
- Yo también. - dijo Román.
- Muy idealista, muy en tu línea. Veremos si mañana piensas lo mismo de resaca. - dijo Menéndez, levantándose de la mesa a la vez que varios de los otros comensales.
- Olvidas que, en realidad, siempre estoy de resaca.
- De todas formas, Lis, haré lo posible por publicar esta historia, ¿tendrías inconveniente en aportar más datos? - dijo una periodista, mientras recogía su portátil.
- Habla con Gabriel, Rita, en este momento está recibiendo toda la información de la que dispongo. Es toda tuya si sabes negociar.
- Yo sigo un poco, trastornado. Me voy a casa, necesito descansar…
- ¿No tienes una rueda de prensa dentro de media hora en la otra punta de la ciudad?
- No bromees, Lis, estoy realmente mareado, me da vueltas la cabeza, y el estómago.
- Cuídate, Josh, y dile a Olga que te prepare uno de esos vitamínicos que levantan a un elefante.
- Le daré recuerdos de tu parte y, Lis, te echaremos de menos.

Susana, enfrascada en su cotidiana tarea de buscar y nunca encontrar nada, se quedó sola con Román y Alisa en la misma mesa donde se habían reunido escasas horas antes.

- No lo he entendido muy bien, Lis, pero bueno, ya me lo explicarás. De todas formas creo que dices la verdad y que esa estúpida debe haber copiado todos sus libros. ¡Desaprensiva!, ¡con lo que cuesta!…¿sabes cuanto tiempo llevo escribiendo mi novela?, ¡años, créeme, años!
- No me extraña, tomando notas con lápiz, ¿cuántos principios y finales debes llevar arrugados en los bolsillos de tus bolsos?
- Sí, ya sé, ya sé…soy una romántica…pero no soy tan desordenada como parezco y…
- Escucha Susi, ¿por qué no me dejas leer lo que llevas? Conozco a una pareja que quizás se atreva a publicarlo cuando lo termines. Tienes mucho talento, querida, no lo desperdicies para los gusanos del Semanal, ¿quieres?
- Ah, sería estupendo, sí…pero, ¿qué vas a hacer ahora Lis?
- No te preocupes, buñuelo, sobreviviré en esta selva.

Susana se alejaba resbalando ligeramente sobre el suelo encerado.

- ¿Crees que vendrá con nosotros? - preguntó Román sin dejar de mirar la figura abultada de Susana
- Es probable, y si no será una pena.
- ¿Hace un brindis?
- ¡Cómo no, mi fiel escudero!
- Por usted, Señora y señorita Gallo, Bueno, Salas, ¡ah1 y señor Newman.
- No, por favor, por usted, señor Fresas, etc.
- Está bien, por nosotros.

Y brindaron.
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